Un proyecto único, un emblema de la ciudad, un edificio especial. Esto, el fotografiar las nuevas zonas de la Bodega Franco-Españolas, fue un encargo que afronté con mucha, mucha ilusión.
La intervención consta de varios espacios diferenciados en el edificio. Cada una de esas zonas tiene su propia esencia, por lo que cuenta con diferentes materiales, acabados, iluminación y atmósfera. Cada espacio tiene carácter propio, pero entre ellos bailan al mismo compás.
Así lo percibí y así lo fotografié.
El acceso, con luz puntual, madera y tonos oscuros, te advierte de que te adentras en un lugar sobrio, tranquilo, elegante, carismático. Me pide fotografías en clave baja, con la luz justa, que se intuya pero que no se vea, simetría y geometría.
Centrada, una escalera. Está iluminada en la justa cantidad para invitarte a bajar. Aún no te imaginas lo que esconde.
Bóvedas de piedra, barricas a ambos lados descansando. De nuevo, simetría en el espacio, luz suave que se hace más visible en la escalera, helicoidal, de hormigón. Esta es otra de las intervenciones que se han realizado.
Aún hay más…
Espacio de degustación y catas y espacio de exposición y venta, ambos comunicados en un paseo que bien merece una visita.
Por último, la joya de la corona, El Muelle de Carga.
Prefiero que sean las fotografías las que os cuenten, en detalle, cada uno de estos espacios.