Todo nace y crece, quizás se reproduce y, antes o después, muere. Aplicar estas etapas de la vida a un proyecto arquitectónico puede sonar raruno, pero, si analizas con detenimiento, y olvidas un poco el componente biológico, verás que es factible.
El/la arquitecto/a empieza a crear un idea, puede que en base a un momento de inspiración, puede que frente a un solar vacío, puede que condicionada por una construcción anterior y casi siempre respondiendo a las necesidades de un cliente.
La idea nace en su cabeza, se plasma en el papel y crece hasta albergar todo el espacio disponible. No todo se llena de elementos, hay que dejar espacio al vacío. La idea se convierte en proyecto, en obra. En ella convergen derrumbamiento y levantamiento, materiales fríos y cálidos, blancos y negros (y grises) y mucho, mucho trabajo.
Ese trabajo, ese proceso de construcción, queda muchas veces oculto tras las nuevas celosías. Eclipsado por un mármol brillante, pierde importancia y queda relegado a un papel secundario. Pero sin ese proceso no existiría estancia alguna.
Fotografías a continuación realizadas en obras de: 1: Pedro López Laencina; 2 y 3: JMC;
Resulta realmente interesante al fotografiar el proceso de obra, el descubrir ante qué construcción se ha enfrentado la/el arquitecta/o. Puede ser, por poner algún ejemplo, un terreno lleno de árboles y en pendiente; un solar; o un piso antiguo, viejo.
De estos reportajes, obtenéis dos productos gráficos que podéis usar independientemente para vuestro propio archivo y memoria y para mostrar a vuestros clientes en Web y Redes Sociales:
Un antes, durante y después, que grosso modo, consiste en realizar fotografías con un encuadre exacto a lo largo del proceso de ejecución.
El mostrar con fotografías exactas en punto de vista y encuadre este proceso, ayuda al observador/a a entender sintéticamente, vuestro trabajo, que va desde la idea hasta el fin de obra y es interesantísimo.
El otro producto que obtenéis, son concisos reportajes independientes, en estos diferentes momentos del proceso, de manera que se puedan observar los materiales que luego quedarán ocultos (aislamientos, instalaciones, estructura…)
Para ambas opciones, se pueden hacer fotografías en varias fases, y cada proyecto tendrá intereses diferentes, pero os doy alguna idea:
Para una reforma:
– El estado de la construcción tal cual os la encontráis estructuralmente, pero sin decoración.
– Tras el derrumbe, sin tabiques.
– Fin de obra
Para una construcción nueva:
– Solar
– Estructura levantada (Sin tabiques)
– Aislamientos, fontanería, suelo radiante…
– Fin de obra
En función de la evolución, se pueden hacer tantas fases como se crea conveniente.
Fotografías a continuación: Proceso de obra de RQH
El resultado gráfico
Con cada reportaje del proceso obtenéis contenido para vuestras redes Sociales y enriquecéis vuestro archivo.
Con el proyecto acabado, obtenéis un una descripción gráfica precisa y atractiva que pone el valor el arduo trabajo constructivo que habéis llevado a cabo durante tanto tiempo.
La fotografía en general, se cataloga de buena o mala en función del estímulo que le llega a quien la contempla.
Para el observador amateur, esta catalogación suele estar relacionada con el motivo de la imagen. Una fotografía de un lugar exótico, de una tribu desconocida, o de un animal en el Ngorongoro muchas veces es criticada como buena aun teniendo una composición y una luz nefastas. En contraposición, una imagen de un rincón, una familia común europea o un perro carente de exotismo, pasa más desapercibida aún tratándose de una fotografía correcta, bien compuesta y con una luz estudiada.
Dicho esto, surge la pregunta sobre cuál es el santo grial para una buena fotografía.
Se ha hablado muchísimo sobre esto, y no seré yo quien ose afirmar tener la respuesta. En mi humilde opinión diría, que es quizá el fotógrafo o la fotógrafa quien debe, aun partiendo de una escena sin interés aparente, crear una imagen no sólo correcta técnicamente, sino también atractiva, digna.