La inmensa sala central que podéis ver en la fotografía superior, distribuye una serie de corredores abovedados por los que perderse como si de un laberinto se tratara. Las lámparas, diseñadas y forjadas a medida por los arquitectos, dibujan sombras y luces en las paredes y techos haciendo aún más espectacular el recorrido. Cabría destacar también la labor de refuerzo en las bóvedas de los calados manteniendo su estética y el uso constante de piedra y hierro tanto en la parte subterránea como en el nivel superior.